miércoles, 30 de octubre de 2019

La conjura de Pisón


Busto de Nerón, Siglo I d.C., Ropma, Museos Capitolinos

Tras el incendio de Roma, Nerón tuvo que enfrentarse a dificultades financieras por los enormes gastos que supusieron la reconstrucción de la capital y la edificación de la Domus Aurea. A los nobles se le gravó con nuevos impuestos y se le expropiaron propiedades, por lo que el descontento era constante entre las clases senatoriales.
A principios del año 65 d.C., un gran número de senadores y caballeros se unieron para acabar con la vida de Nerón. A ellos se agregaron algunos pretorianos, incluido uno de los jefes de ese cuerpo militar, Fenio Rufo, hombre de gran honestidad y rectitud, que ayudó a multiplicar el número de conspiradores y poetas como Lucano. Sin embargo, no pretendían volver a instaurar la República sino que su objetivo era reemplazar a Nerón por un nuevo emperador. Entre los miembros más influyentes participantes en la conjura se encontraba Cneo Calpurnio Pisón, descendiente de aquel otro Pisón que casi 50 años antes estuvo supuestamente implicado en la muerte de Germánico, abuelo de Nerón. Pretendían entronizar a Pisón, quien contraería matrimonio con una de las hijas de Claudio que aún vivía, para legitimizar su vínculo con Augusto.
Un primer proyecto planeaba que el asesinato tuviera lugar en la villa que Pisón poseía en Baias, pero éste se negó porque no quería atentar contra las leyes de la hospitalidad y porque consideraba que el crimen debía hacerse en público y no en acto privado. Entonces decidieron apuñalar a Nerón el 19 de abril, durante los juegos de Ceres que tendrían lugar en el Circo Máximo, mientras Pisón estaría siendo presentado a los pretorianos por Fenio Rufo.
Sin embargo, un liberto de uno de los conjurados, Flavio Escevino, delató a su amo. Otro conspirador, Antonio Natal también fue denunciado. Ambos fueron torturados por separado por lo que incriminaron a numerosas personas, entre las que se encontraba el poeta Lucano, e incluso Séneca, aunque la implicación de éste no está demostrada totalmente.

La muerte de Lucano. José Garnelo.  1887, Madrid, Museo del Prado

Pisón, al igual que la mayoría de los conjurados, se suicidó cortándose las venas. Algunos otros como Fenio Rufo o Flavio Escevino fueron ejecutados mientras que amigos y familiares de los acusados fueron condenados al exilio. Lucano también se quitó la vida, del mismo modo que Séneca y Petronio, acusado por Tigelino quien estaba celoso de su influencia sobre el emperador. No se ha podido demostrar la culpabilidad de estos dos últimos.
Nerón nombró a Nifindio Sabino prefecto del pretorio, con una reputación tan terrible como la de su colega Tigelino, que prolongaron para su provecho el clima de terror imperante.
A pesar de la represión, había quedado claro que Nerón no gozaba del apoyo de la clase senatorial, algo que ya no recuperaría en los años restantes de su Principado.

viernes, 18 de octubre de 2019

La Domus Aurea, el Palacio Dorado de Nerón


Reconstrucción de la Domus Aurea

“19 de mayo de 2018, Roma. Pasado el mediodía mis pasos se encaminan hacia el Colle Oppio y mi corazón late acelerado; me espera soterrado el Palacio más impresionante jamás concebido en la Ciudad Eterna, el que guarda la memoria de su más famoso emperador: la Domus Aurea, llamado así por el resplandor que emanaba de la gran cantidad de elementos decorativos brillantes y de tonalidades doradas que lo adornaban. Un nuevo secreto escondido en lo más profundo de su suelo que me desvela la urbe que más amo".



Resto de decoración en tonos dorados. Domus Aurea. Roma 2018

"Después de cubrir nuestras cabezas con el casco protector y ponernos ropas de abrigo (a pesar del calor que hacía) descendimos a las entrañas de la colina llegando a un largo pasillo cubierto con bóveda de cañón y de una altura impresionante. Nos esperaba un audiovisual que  nos sumergió en la historia del edificio y de su constructor. El primer pensamiento que vino a mi mente es la gran diferencia entre las personalidades de Augusto y Nerón proyectadas en sus casas: el hogar del fundador del imperio es reflejo de la modestia y humildad de un Primer Ciudadano cuya imagen se proyecta al nivel de la de su pueblo, mientras su tataranieto no puede ocultar en el suyo su ansia de grandeza y exuberancia, dominado por un hombre casi divino que no duda en poner de manifiesto su supremacía sobre todos”.



Tras el incendio de Roma, y aprovechando que su palacio (la Domus Transitoria) había quedado parcialmente arrasado por el fuego, Nerón se apropió de unas 50 hectáreas entre el monte Palatino y la colina Oppio en el Esquilino. Todo ello enmarcado dentro del proyecto ideado por el emperador para hacer resurgir Roma de las cenizas y construir una urbe más segura, con grandes avenidas en las que se limitó incluso la altura de los edificios.
Encargado a los arquitectos Severo y Celer, se pretendía que el conjunto fuera el centro de un jardín frondoso en medio del cual se extendía un lago artificial. En las cercanías de éste se alzaba una estatua colosal de Nerón, identificado como Helios (dios del Sol), conocida como el coloso. Encima de ese terreno se levanta aún hoy el mayor símbolo de Roma, el Coliseo, que recibe precisamente su nombre desde el siglo XI de la estatua colosal. “Levantó una mansión en la que no eran tanto de admirar las piedras preciosas y el oro - algo ya antes usual y por entonces lujo muy corriente- como los jardines y estanques y, cual en lugar despoblado, los bosques por una parte, por otra los espacios abiertos y hermosas vistas; fueron los directores y proyectistas de la obra Severo y Céler, que tenían ingenio y osadía bastante para intentar con el arte incluso lo que naturaleza había negado y abusar de los recursos del príncipe” (Tácito. Anales, XV, 42, 1).


El coloso de Nerón
Fuente: De Art: Jaime Jones. Source: Marianne Bergmann, Institute for the Study of the Ancient World, New York University, CC BY-SA 4.0, 

       El coloso se encontraba delante de la fachada principal del edificio que medía 260 metros de ancho. En el centro, sobre el eje de simetría se abría una gran exedra de 50 m de ancho, con la forma de un semi-octógono.


Roma 2018

Roma 2018

Roma 2018

“Entre altos pasillos decorados con delicadas pinturas murales fuimos pasando de sala en sala, de ninfeo en ninfeo hasta llegar a una sala donde pudimos viajar a través de un contenido multimedia impresionante hasta el edificio tal y como era en el siglo I d.C. La proyección está concebida de tal manera que parece que las paredes reviven y la Domus Aurea cobra vida; incluso se puede percibir el olor de la hierba fresca y de las flores que nacen en el espléndido jardín, el rumor de las fuentes…. Es como estar allí. Una sensación maravillosa".



Roma 2018

Roma 2018

Roma 2018

"Tras este salto en el tiempo continuamos avanzando hacia la joya arquitectónica que es la gran Sala Octogonal cuya cúpula con óculo central adelanta en un siglo a la del Panteón”.

Sala Octogonal. Roma 2018

En el ala este, encontramos una gran sala octogonal construida a base de hormigón que tenía finalidad de salón comedor, coronada por una cúpula de 14 metros de diámetro, con un gran óculo central. Está rodeada por una serie de habitaciones que se comunican entre sí; entre ellas destacan dos alcobas y dos triclinia que flanquean un gran ninfeo central abovedado. Al fondo del mismo, una escalera de agua hacía sonar una cascada.


Sala Octogonal. Roma 2018


Sala Octogonal. Roma 2018

Sala Octogonal. Roma 2018

“Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo y giraba continuamente sobre sí mismo, de día y de noche, como el mundo; sus baños tenían agua corriente del mar y de los manantiales de Álbula” (Suetonio, Vida de Nerón, 31, 2). Añade Séneca en su Carta a Lucilio (Libro XIV, 90,14) que “un mecánico ha inventado como hacer llover desde una gran altura agua teñida de azafrán y ha conseguido ensamblar los artesones del techo de ese salón de tal manera que la imagen que ofrecen se modifica como uno quiere”.


Sala Octogonal. Roma 2018

La sala está bien conservada y se aprecian alrededor del óculo dos ranuras con función de railes que permitían colgar una serie de adornos giratorios hemiesféricos que se adaptaban al interior de la cúpula.
“Y nuestra visita continuó hasta llegar a un espacio donde se ubica el único pavimento original de todo el palacio, con un colorido precioso y de gran viveza, se nos muestra ese rincón en el que aún resuenan las huellas de Nerón”.


Pavimento original de la Domus Aurea. Roma 2018

Pavimento original de la Domus Aurea. Roma 2018


Tras la muerte del emperador, el palacio quedó inconcluso y gravemente dañado durante el incendio del año 104. Posteriormente, Trajano la cubrió de escombros, para construir sus termas. Este hecho lo favoreció pues libró al edificio de los expolios que sufrieron otros monumentos romanos. Permaneció oculto hasta el siglo XV, cuando un joven romano cayó accidentalmente a través de una hendidura y descubrió la rica decoración pictórica que dio origen al término grutesco y que tanto influenció en el Renacimiento. El mismo Rafael Sanzio fascinado por las pinturas las estudió pormenorizadamente y se hizo eco de su influencia en las Salas que pintó en el Vaticano.


Roma 2018

Roma 2018

      Los restos encontrados con posterioridad muestran un gran estado de conservación, aunque el principal peligro que amenaza a los delicados frescos son las humedades que, a su vez, producen grietas que hacen temer estabilidad del edificio. No obstante, se está trabajando para crear un jardín sobre él que absorba la humedad y que proteja esta maravilla única en el mundo… y que no deja de asombrar: este año se ha descubierto un nuevo ambiente, denominado Sala de las Esfinges, pues está decorada con figuras de animales reales y míticos. La memoria de Nerón más viva que nunca.


Sala de las Esfinges

Sala de las Esfinges

Sala de las Esfinges


                                   


                                   


domingo, 6 de octubre de 2019

¿Persiguió Nerón a los cristianos?


La última oración de los mártires cristianos. Jean Leon Gerome. 1883. Museo Walters. Baltimore

Una de las consecuencias del incendio de Roma, y que aún causa profundos debates, fueron las persecuciones contra los cristianos, acusados por el propio Nerón de ser los causantes de la tragedia para alejar las sospechas sobre si mismo. Este hecho, apuntado por Tácito, y amplificado por la historiografía cristiana posterior, fue lo que fraguó por encima de todo la leyenda negra de Nerón. ¿Pero qué hay de cierto en todo ello?.
“Ni con los remedios humanos ni con las larguezas del príncipe o con los cultos expiatorios perdía fuerza la creencia infamante de que el incendio había sido ordenado. En consecuencia, para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos” (Tácito. Anales, 44, 2). Continúa Tácito “el caso fue que se empezó por detener a los que confesaban abiertamente su fe, y luego por denuncia de aquellos, a una ingente multitud, y resultaron convictos no tanto de la acusación del incendio cuanto de odio al género humano. Pero a su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados  por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche. Nerón había ofrecido sus jardines para tal espectáculo, y daba festivales circenses mezclado con la plebe con atuendo de auriga o subido en el carro. Por ello, aunque fueran culpables y merecieran los máximos castigos, provocaban la compasión, ante la idea de que perecían no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de uno solo” (Tácito. Anales, 44, 4-5).
Por su parte Suetonio apunta que durante el principado de Nerón “se entregó al suplicio a los cristianos” (Vida de Nerón, 16,2).

Crucifixión de San Pedro. Caravaggio. 1601, Roma, Santa María del Popolo
Fuente: De Caravaggio, Dominio público, 

Ni está probado que la plebe (que tanto amaba a Nerón) lo acusara del incendio ni que éste culpara a la comunidad cristiana de Roma. No obstante, es difícil de despojar a Nerón de la imagen que han vertido sobre él desde hace siglos. En el siglo II, Tertuliano definió a Nerón como “el primer perseguidor del naciente cristianismo” (Apologeticum) y el responsable de las condenas de San Pedro y San Pablo. Esta afirmación en sí no puede ser cierta porque Claudio antes que él llevó a cabo algunas medidas contra ellos. Con posterioridad fue reconocido como el Anticristo: “un rey sin ley, asesino de su madre, llegará a este mundo con todos los poderes, y todo el mundo accederá a lo que desee” (La Ascensión de Isaias, Cap. 4.2).
Según Brent D. Shaw, autor de un artículo sobre el tema en The New York Review of Books, analizando el párrafo de Tácito señala que el historiador romano se está refiriendo más a su propia época donde las persecuciones a los cristianos eran más frecuentes. Insiste también en el hecho de que no hablan de ellas los escritores de época neroniana. Yo también me lo pregunto ¿por qué hablan de unos hechos tan horrorosos historiadores que vivieron entre 50 y 100 años después de los mismos y no comentan nada los historiadores coetáneos de Nerón, habiendo quedado claro que la mayoría lo detestaban?. También es llamativo que Dión Casio, que escribió pormenorizadamente sobre el incendio de Roma y que tanto ha vilipendiado a Nerón no escribiera nada sobre la persecución a los cristianos, aun acusando a Nerón de ser el causante del desastre “la población acusaba Nerón, aunque no mencionaron su nombre, sino que simplemente maldijeron en términos generales a aquellos que habían incendiado la ciudad” (Historia Romana, Libro LXII, 17, 2
 Según Shaw la conexión de los cristianos con el incendio es más tardía, aunque no duda en afirmar que seguramente Nerón dirigió las sospechas hacía algún otro colectivo. Sus argumentos se dirigen también a analizar la muerte de San Pedro y San Pablo, de las que no se conocen apenas datos. Pues del primero no se sabe a ciencia cierta las condiciones de su ejecución, mientras que Pablo fue mandado ejecutar por agitador, no por su fe cristiana. El español Juan Eslava Galán apunta en esa misma dirección, llegando aún más lejos, pues según su opinión ese párrafo habría sido insertado en la Edad Media, basándose en que los más antiguos manuscritos de la obra de Tácito conservados son del siglo XI y proceden de los escritorios monacales. Él se basa para afirmar esto en que durante los primeros tiempos del cristianismo ningún escritor cristiano aludió a la persecución de Nerón. Algo que no es del todo cierto, pues como hemos señalado Tertuliano, Lactancio y San Agustín, mencionaron la supuesta malignidad de Nerón.

Antorchas de Nerón. Henryk Siemiradski. 1877, Cracovia. Museo Nacional 
Fuente: De Henryk Siemiradzki - www.abcgallery.com, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=320986

No obstante, otros biógrafos de Nerón sí creen que se produjeron duras persecuciones a cristianos tras el incendio, poniendo la atención en por qué iba a inventarse Tácito tales acontecimientos.
La realidad nunca se sabrá. Es cierto que el número de cristianos en época tan temprana era escaso en Roma (unos 2500) y que estaban aún muy vinculados al judaísmo, pero también lo es que el hecho de que se reunieran en lugares de culto propio y sus cultos propios eran interpretados como un indicador de que estaban vinculados a rituales mágicos y despertaba las suspicacias del pueblo romano, que siempre ha sido muy supersticioso. Según mi opinión, la persecución probablemente existió, sin embargo, la propaganda cristiana posterior la exageró, pues queda constancia que fueron mucho más duras las posteriores como la de Diocleciano (donde perdieron la vida unas 200.000 personas), la más grave de todas, llamada por su duración la Era de los Mártires no teniendo este emperador la mala fama de Nerón ni siendo tan conocida esta masacre. Trajano y Marco Aurelio, considerados buenos emperadores también persiguieron a los cristianos, y nadie habla de ello. ¿Por qué atacaron sin piedad la figura de Nerón?. 2000 años después esta cuestión sigue siendo un enigma.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Arde Roma

“Sigue una catástrofe (no se sabe si debida al azar o urdida por el príncipe, pues hay historiadores que dan una y otra versión), que fue la más grave y atroz de cuantas le sucedieron a esta ciudad por la violencia del fuego”
Tácito. Anales. 38.1
Un gran cometa apareció sobre el cielo de Roma. Los ciudadanos lo contemplaban horrorizados, sin saber qué catástrofes anunciaba. El emperador se encontraba ausente, refugiado del gran calor de julio en su villa de Anzio, a orillas del mar. Acababa de regresar de Nápoles, donde ante la consternación de todos, había actuado por primera vez en público. Su actuación fue seguida de un presagio negativo, pues cuando ya había salido el público asistente se vino abajo el teatro vacío, sin que hubiera que lamentarse daños personales. Pero los ánimos estaban muy mermados.
La noche del 19 de julio del año 64, dos días después de que el cometa hubiera desaparecido, en el extremo Sureste del Circo Maximo, los temores del pueblo se materializaron en forma de voraces llamas que azuzadas por el viento y por mercancías inflamables acumuladas en las tiendas cercanas, se extendieron rápidamente arrasando todo lo que cogían a su paso. El incendio se propagó a una velocidad inusitada pasando de un barrio a otro y ascendiendo a las colinas de Roma, sin que los vigiles de fuego pudieran hacer nada para detenerlo. El pánico se apoderó de la ciudad.


Roma en llamas

“Se añadían, además, los lamentos de las mujeres aterradas, la incapacidad de los viejos y la inexperiencia de los niños, y tanto los que se preocupaban por sí mismos como los que lo hacían por los otros, arrastrando o aguardando  a los menos capaces, unos con sus demoras, otros con su precipitación, ocasionaban un atasco general. Muchos mientras se volvían a mirar atrás, se veían amenazados por los lados o por el frente, o si habían logrado escapar a las zonas vecinas, acababan también aquellas ocupadas por las llamas, e incluso las que parecían alejadas las hallaban en la misma situación. Al fin, sin saber de dónde huir ni hacía dónde tirar, llenaban las calles, se tendían por los campos; algunos, perdidos todos sus bienes, incluso sin alimentos con que sustentarse por un día, otros por amor a los suyos a quienes no habían podido rescatar, perecieron a pesar de que hubieran podido salvarse”. (Tácito. Anales. 38.2-6).
Nerón volvió a Roma enseguida que tuvo noticias de la catástrofe. Cuando llegó ya había ardido su palacio. Inmediatamente, hizo abrir el Campo de Marte, los monumentos de Agripa e incluso sus propios jardines para acoger a la gente sin hogar. Del mismo modo ordenó levantar construcciones efímeras para acoger a los más necesitados al mismo tiempo que mandó traer provisiones desde Ostia y bajó los impuestos del trigo.
Durante seis largos días con sus noches estuvo ardiendo la Ciudad Eterna. Una vez apagado el incendio volvieron a aparecer focos durante los dos días siguientes. Roma estaba de rodillas ante el enemigo más impredecible e incontrolable.
Los historiadores no han dejado cifras de las pérdidas humanas, que debieron ser numerosas, sin embargo, sí nos han aportado datos sobre el estado en que quedó la capital del mundo. De las 14 regiones en las que se dividía la ciudad ardieron 10, quedando 3 totalmente arrasadas.



“El enumerar las casas, manzanas y templos que se perdieron, no sería tarea fácil; pero de los lugares más antiguos de culto, el que Servio Tulio había dedicado a Lucina, el gran altar  y la capilla que el arcadio Evandro había consagrado a Hércules Auxiliador, el templo de Júpiter Estator, ofrecido por Rómulo, el palacio de Numa y el Santuario de Vesta con los dioses Penates del pueblo romano, todos ellos ardieron. Además, las riquezas ganadas en tantas victorias y las bellezas del arte griego, luego los testimonios antiguos e intactos de los ingenios literarios, de manera que, aun en la gran belleza de la ciudad que resurgía, los viejos recordaban muchas cosas que ya no podrían recuperarse” (Tácito. Anales. 41.1). Entre las pérdidas se encontraba el Ficus Ruminalis, la higuera sagrada donde los romanos creían que había encallado la cesta que transportaba a Rómulo y Remo, y donde los encontró la loba.
¿Fue Nerón el autor intelectual del incendio?. El debate continúa en nuestros días. Los historiadores actuales tienden a negarlo pues ni siquiera las fuentes antiguas lo confirman claramente. Suetonio dice con rotundidad que el emperador envió a sus esclavos con  antorchas a incendiar la ciudad e incluso relata como “Nerón, transportado de gozo por la belleza de las llamas, según sus propias palabras, cantó la toma de Ilión vestido con su traje de actor” (Vida de Nerón, 38, 2). Dión Casio acusa igualmente sin tapujos al emperador de ser el responsable del incendio (Historia Romana, 62, 19). Tácito, no obstante, pone en duda su implicación, pues en la antigua Roma eran frecuentes los incendios. Él mismo dice que hay historiadores de los que él ha consultado que apoyan una u otra versión. Tácito afirma conocer el rumor de que el emperador subido al escenario que tenía en su casa cantó la destrucción de Troya. Pero lo hace tras contar que aquel estaba en Ancio y que volvió a Roma cuando ya se había quemado su Palacio y todas sus posesiones (Anales, XV, 39). Por tanto, la historia se hace difícil de creer ante tanta contradicción. ¿Cómo iba a cantar desde su casa, si ésta había ardido? Si un hecho de tanta atrocidad hubiera sido cierto, sólo cincuenta años después, que es cuando escribió Tácito, se sabría con absoluta certeza, por tanto me inclino a desconfiar de su fiabilidad. Suetonio escribió más o menos en la misma época que Tácito. Dión Casio vivió, por su parte, más de un siglo después de los hechos y está muy influenciado por la versión de Suetonio. Sin embargo, historiadores coetáneos de Nerón como Plinio el Viejo, Séneca, Flavio Josefo, Plutarco o Epicteto, aunque hablan en sus obras del Principado de Nerón no mencionan el incendio o sólo se refieren a él someramente, lo que aporta indicios de que para los contemporáneos de Nerón fue uno más entre los numerosos incendios que eran habituales en la gran orbe.


Peter Ustinov en un fotograma de Quo Vadis? (1951)

          A pesar de ello, la imagen de Nerón con el arpa viendo extasiado arder Roma forma parte del imaginario popular y por mucho que lo intenten los historiadores actuales, es difícil de reparar el daño que se le hizo. La escena fue inmortalizada por la película Quo Vadis? de 1951 e incluso un programa informático de grabación de CDs y DVDs toma su nombre Nero burning Rom (Nerón quemando Roma) de la catástrofe.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Petronio, el Árbitro de la Elegancia

“Fue acogido como árbitro de la elegancia en el restringido círculo de los íntimos de Nerón, quien en su hartura, no reputaba agradable ni fino más que lo que Petronio le había aconsejado”.
Tácito. Anales. XVI, 18, 2.

Petronio (Leo Geno) en un fotograma de la película Quo Vadis? (1955).

Cayo Petronio, nacido en Massilia (actual Marsella), fue un escritor y político romano, nacido en el primer cuarto del siglo I d.C. Formó parte del círculo de Nerón y ejerció mucha influencia sobre el emperador, tal y como recoge Tácito. En la corte era conocido como Arbiter elegantiarum (Árbitro de la elegancia), debido a su estilo exquisito, a su refinamiento y buen gusto. Él era el encargado de organizar muchos de los espectáculos que tenían lugar en la corte, no dejando de sorprender nunca al emperador con su ingenio..
Petronio fue un eficiente cónsul y procónsul de Bitinia. Tácito dice de él  que “se pasaba el día durmiendo y la noche en sus ocupaciones y en los placeres de la vida; al igual que a otros su actividad, a él lo había llevado a la fama su indolencia, pero no se le tenía por un juerguista ni por un disipador, como a tantos que consumen su patrimonio, sino por hombre de un lujo refinado” (Anales. XVI, 18, 1). Su modo de vida lo define como cercano al pensamiento epicúreo.
A él se le atribuye también la autoría de una obra satírica escrita en prosa y verso: El Satiricón, primer ejemplo de literatura picaresca en Europa. Narra las aventuras de dos libertinos e incluye algunos cuentos sexualmente explícitos. Aporta una gran descripción de la vida en el siglo I d.C. incluyendo muchos coloquialismos en su narración, ofreciéndonos una excelente muestra del latín vulgar. Su estilo narrativo es muy manierista, similar al de Ovidio.


El Satiricón de Petronio

Pero esa personalidad tan arrolladora que tanto gustaba a Nerón, no podía más que provocar envidia en otros personajes que aspiraban a ocupar su lugar en la estima del emperador. Es el caso de Tigelino, el prefecto de la guardia pretoriana, que celoso ante las atenciones que el César dispensaba a Petronio, acusó falsamente a éste último de formar parte de la famosa conspiración de Pisón, que tuvo lugar en el año 65. Antes de sufrir las represalias del emperador, Petronio se abrió las venas. Sin embargo, se vengó de él dejándole una carta póstuma en la que pormenorizaba todos los vicios de Nerón al mismo tiempo que criticaba su pésimo gusto.


Muerte de Petronio. Ilustración de Domenico Mastroianni

“No se quitó la vida precipitadamente, sino que, tras cortarse las venas, se las ligó y se las volvió a abrir de nueva según le vino en gana, mientras hablaba a sus amigos, no en términos serios o que le procuraran fama de valeroso; y escuchaba lo que le decían, que no era nada acerca de la inmortalidad del alma y de las opiniones de los filósofos sino canciones ligeras o versos ocasionales. A sus siervos, a unos le hizo larguezas y a otros les dio de azotes. Se puso a la mesa, y se entregó al sueño para que su muerte, aunque forzada, se pareciera a la natural. Tampoco aduló en sus codicilos, al contrario de los que perecían, a Nerón o a Tigelino o a cualquier otro de los poderosos, sino que relató con detalle las infamias del Príncipe con los nombres de los degenerados y de las mujeres que en ellas participaran, así como la originalidad de cada uno de sus escándalos; los selló y se los envío a Nerón, y luego rompió su anillo a fin de que no sirviera para perder a otros” (Anales. XVI, 19).
Petronio ha aparecido como secundario en algunos novelas como las Vidas imaginarias de Marcel Schwod y sobre todo, en Quo Vadis? de Henryk Sienkiewicz, también llevada al cine  en 1951. Federico Fellini llevó a la gran pantalla El Satiricón en la película homónima de 1969.

sábado, 3 de agosto de 2019

La Villa de Nerón en Anzio



Reconstrucción de la Villa de Nerón en Anzio

Nerón nació en Anzio, una ciudad costera situada a unos 50 kilómetros de Roma. Siempre se sintió muy vinculado a su lugar de origen, por lo que realizó allí varias construcciones de las que aún se conservan restos, como el puerto o una espléndida villa a la orilla del mar en la que se escapaba cada vez que quería huir de la presiones del poder. En ella se encontraba cuando estalló el famoso incendio del año 64.
Construida sobre una estructura de época republicana, actualmente sus restos (que se extienden durante más de 800 metros por la misma orilla del mar) se encuentran en las cercanías del antiguo faro, formando parte de un bello parque arqueológico.


En su primera etapa de construcción la villa fue edificada al oeste del faro. Augusto la remodeló, pero el edificio seguía siendo muy humilde para alguien tan megalómano como Nerón, por lo que éste la amplió siguiendo los rasgos estilísticos de su Principado cuya obra cumbre es la casa más fastuosa jamás construida: la Domus Aurea.


Los restos de pavimentos y mosaicos encontrados son de exquisita factura. A través de un largo pasillo se llegaba al peristilo y desde allí a una zona de huertos y jardines. Destacaba un gran mirador semicircular presidido por una columnata, similar a la Villa de Tiberio en Capri. El frente marítimo era muy equilibrado y elegante, con una construcción en terrazas y un magnífico pórtico. Éste se componía de una exedra cuadrangular, decorada por columnas en la parte central- Toda esta zona estaba flanqueada por grandes nichos adornados con esculturas tan espectaculares como la Muchacha de Anzio atribuida a Leocares. Otras esculturas insignes que se encontraron entre las ruinas de la villa fueron el Apolo del Belvedere o el Gladiador Borghese. Todas son ejemplos de la gran suntuosidad que escondía la villa.

Ninfeo. Anzio. Museo Archeologico di Villa Adele

Detalle

Una serie de pasillos, túneles y escaleras conectaban las habitaciones superiores con las de abajo, donde se alternaban ninfeos, espacios termales, fuentes, terrazas y miradores. En el lado sur en concreto, una serie de arcos se abríann como ventanales directamente al mar.
La villa fue engrandecida por otros emperadores como Domiciano, Adriano o Septimio Severo.

Villa de Nerón

Nuevamente estamos en agosto, el mes dedicado al divino Príncipe. Felices vacaciones a todos. Volveremos en septiembre.