lunes, 26 de noviembre de 2018

La muerte de Claudio

“Los principales presagios de su muerte fueron la aparición de un cometa, la caída de un rayo sobre la tumba de su padre Druso, y el hecho de que ese mismo año habían muerto la mayor parte de los magistrados de todas las categorías. Pero al parecer tampoco él ignoró ni ocultó cuál había de ser su última hora; al menos dio varios indicios de ello. En efecto, al designar a los cónsules, no nombró a ninguno para los meses posteriores a aquel en que murió; en la última reunión del Senado a la que asistió, exhortó a sus hijos encarecidamente a la concordia y encomendó su juventud a los senadores en términos suplicantes; finalmente, en la última instrucción que llevó a cabo en un tribunal anunció una y otra vez, aunque los que lo oían rechazaron este presagio funesto, que había llegado al fin de su vida mortal”.
Suetonio. Vida de Claudio, 46

Claudio. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

Durante el último año de su vida, Claudio dio muestras evidentes de desear cambiar sus planes sucesorios, pues Británico se acercaba a la mayoría de edad. Sin embargo, tres meses antes de que llegara este momento, el emperador cayó enfermo. Semanas antes su principal protector Narciso había salido de viaje hacia el Sur de Italia buscando un clima más cálido que le permitiera recuperarse de un fuerte ataque de gota.
El Senado fue convocado y se ofrecieron múltiples votos a los dioses rogando por la recuperación del César. No obstante, todo fue inútil, el 13 de octubre Claudio moría en su cama del Palatino. Aunque ese año había asolado Roma una fuerte epidemia de fiebre, la opinión pública, tal y como recogen los historiadores antiguos, no tiene ninguna duda, de que Claudio fue asesinado por orden de su esposa. Así y todo circularon varias versiones: que Agripina había encargado a una famosa envenenadora que contaminara un plato de setas (uno de los manjares favoritos de Claudio), que ante la indigestión que le provocaron las setas había convencido al médico de su esposo que le introdujera un pluma impregnada en veneno en la garganta, etc. La afirmación de Nerón meses después de que las setas debían ser la comida de los dioses porque habían permitido a Claudio convertirse en un dios (Dión Casio, Historia romana, 61) parece confirmar estas teorías.

Moneda que representa a Claduio y Agripina
Fuente: Di Classical Numismatic Group, Inc. http://www.cngcoins.com, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29719072

“Agripina, que desde tiempo atrás estaba decidida al crimen, aprovechando con presteza la ocasión que se le ofrecía (la ausencia de Narciso) y no faltándole servidores para el caso, deliberó sobre el veneno a elegir: uno súbito y de efecto precipitado denunciaría el crimen; si escogía uno lento que lo fuera minando, era de temer que Claudio, cerca de la muerte y dándose cuenta del engaño, volviera al amor de su hijo. Quería algo especial, que le perturbara la mente y dilatara su muerte. Se elige como artífice de tal obra a una mujer a la que llamaban Locusta, recientemente condenada por envenenamiento y largo tiempo tenida como uno de los instrumentos del reino. Por el ingenio de aquella mujer fue preparado el veneno, y suministrado por Haloto, uno de los eunucos, que solía servir y probar los manjares” (Tácito, Anales, 66).
No obstante, continúa Tácito “quedo todo tan pronto al descubierto que los historiadores de aquellos tiempos cuentan que el veneno se echó en una suculenta seta, y que la fuerza de la poción no se sintió inmediatamente, ya fuera por la estupidez de Claudio, ya porque estuviera borracho; también parecía que una descomposición de vientre lo había salvado. Con ello se aterrorizó Agripina y, como temía lo peor, despreciando la desaprobación de los presentes, emplea la complicidad del médico Jenofonte, la cual ya se había preparado. Éste, como si tratara de ayudar a los esfuerzos de Claudio por vomitar le clavó en la garganta, según se cree, una pluma mojada en veneno, no ignorando que los grandes crímenes se acometen con peligro y se rematan premio” (Anales, 67).

Claudio (Derek Jacobi) ingiere la seta que acabaría con su vida en un fotograma del serie Yo, Claudio, 1976

De esta manera tan cruel abandonó Claudio este mundo; un buen emperador no valorado adecuadamente en su época. Los historiadores posteriores han aceptado por unanimidad el asesinato pues no se ha encontrado ningún argumento que lo desmienta.

lunes, 19 de noviembre de 2018

La caída de Narciso

Narciso era el liberto imperial más cercano a Claudio de todos los que formaban parte de la corte imperial. En las fuentes clásicas se le describe como aquel destinado a la correspondencia. Hombre muy influyente, fue el gran artífice de la caída de Mesalina e incluso de dictar su sentencia de muerte, ante las vacilaciones del emperador.
Desaparecida la emperatriz, Narciso alcanzó la cima de su poder pues recibió de Claudio muchos honores. No obstante, fracasó al presentar a Claudio la propuesta de nueva esposa al sugerir a Elia Petina (que ya había estado casada con el César y no era de su agrado).

Claudio (Derek Jacobi), Palas (Bernard Hepton) y Narciso (John Cater) en un fotograma de la serie
Yo, Claudio, 1976

El ascenso de Agripina llevó parejo el del otro liberto imperial, Palas, cuya estrella empezó a ascender cuando propuso a la hija de Germánico como nueva esposa imperial. La posición de Narciso empezó a tambalearse pero aún le quedaba mucho ascendiente sobre Claudio, a quien era absolutamente leal. Para fortalecerse frente al otro bando de Agripina, Narciso se unió al círculo de Británico, a pesar de que el joven no lo tenía en gran estima al haber sido el causante de la muerte de su madre.
Con Agripina se enfrentó en múltiples ocasiones, siendo el altercado más sonoro entre ellos durante la inauguración de las obras de drenaje del Lago Fucino (que el liberto había supervisado y que no obtuvieron los resultados esperados). La emperatriz lo acusó de haberse apropiado de fondos públicos de manera indebida a lo que Narciso le contestó reprochándole su desmedida ambición.
La posición de Narciso cada vez era más precaria, aunque seguía contando con la confianza de Claudio, a quien trataba de mantener con vida a toda costa, sabiendo con seguridad que lo seguiría en la muerte, tal y como lo había hecho en vida. Por eso, planeó acabar con Agripina, buscando pru
ebas que presentar a Claudio de la infidelidad de ésta con el liberto Palas.

Agripina la menor, siglo I d,C., Copenhage, Ny Carlsberg Glyptotek 

“Se contaba que Narciso sospechando más y más de Agripina, había declarado entre sus íntimos que era segura su propia perdición tanto si alcanzaba el poder Británico como si lo obtenía Nerón, pero que el César había contraído con él tales méritos que dedicaba su vida a servirlo; que él había  hecho convictos a Mesalina y a Silio; que habría otra vez las mismas causas de acusación si imperaba Nerón; que si el sucesor era Británico, el Príncipe no tenía nada que temer. Decía, sin embargo, que toda la casa estaba trastornada por las intrigas de aquella madrastra, y que el callarlo sería mayor crimen que haberlo hecho con la impudicia de la anterior esposa; aunque, añadía, tampoco ahora faltaba la impudicia al tener a Palas como amante, para que nadie dudara de que consideraba su honra, su pudor, su cuerpo, todo, como de menos valor que el reinar. Repitiendo éstas y parecidas palabras abrazaba a Británico implorando para él la fuerza de la edad lo antes posible, tendía las manos ya a los dioses ya a él mismo diciéndole que debía crecer, expulsar a los enemigos de su padre y vengarse también de los asesinos de su madre” Tácito, Anales, Libro XII, 65).
Debido a tantas preocupaciones, Narciso cayó enfermo de gota. Agripina convenció a Claudio para que lo enviara a Campania, a Sinuesa, una estación termal famosa por la salubridad de sus aguas para recuperarse. El emperador no se  daba cuenta de que firmaba su sentencia de muerte al mismo tiempo que dejaba marchar a Narciso, su más fiel protector.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Británico

Tiberio Claudio César Británico, fruto del matrimonio entre el emperador Claudio y Valeria Mesalina nació en el año 41 d.C., algo más de un mes después de que su padre ocupara el trono imperial. Automáticamente se convirtió en el heredero de Claudio pues el otro hijo varón de Claudio, de un anterior matrimonio, había muerto hacía años.
Claudio recibió al pequeño con gran entusiasmo, por lo que mandó emitir un sestercio conmemorativo de su nacimiento en el que exaltaba el acontecimiento como la gran esperanza de su dinastía (en el anverso aparecía la frase Spes Augusta). Tras vencer a los britanos, Claudio rechazó para sí el título de Británico pero lo aceptó para su hijo, quien a partir de entonces se conoció de dicha forma.

Sestercio conmemorativo del nacimiento de Británico
Fuente: De LaurenCole de la Wikipedia en inglés, CC BY-SA 3.0, 

La caída en desgracia de su madre (cuando contaba sólo 7 años) le supuso un alejamiento de su padre que en algún momento se llegó a plantear la paternidad del joven, debido a la promiscuidad de su madre.
Cuando Claudio contrajo matrimonio con Agripina accedió adoptar a Nerón por dos motivos: porque al sentirse Claudio enfermo quería dejar un heredero sólido y de más edad y porque de esta manera su heredero sería inequívocamente de sangre Julia. La posición de Nerón se afianzó cuando contrajo matrimonio con Octavia, la otra hija de Claudio y Mesalina.

Británico. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticano

En un espectáculo celebrado en aquellos días, Nerón desfiló con atuendo triunfal mientras Británico llevaba aún  la ropa infantil, dejando claro al pueblo el lugar que ocupaba cada uno de ellos en la línea sucesoria. Británico, a pesar de su corta edad, no asumió de buen grado su desplazamiento a favor de Nerón, lo que se puso de manifiesto en múltiples enfrentamientos con su nuevo hermano, al que se dirigía frecuentemente llamándolo por su nombre de nacimiento, Domicio, lo que equivalía a no reconocerlo como miembro de la gens Claudia. Nerón, por su parte, lo acusó en alguna ocasión de no ser hijo legítimo del emperador.
Tras las quejas de Agripina, Claudio mandó ejecutar al preceptor de Británico nombrando otro afín a ella. Del mismo modo todos los que sentían algún sentimiento compasivo hacia el joven fueron relegados. No obstante, aquellos contrarios a Agripina y Nerón, encabezados por el liberto imperial Narciso, se agruparon en torno al hijo natural de Claudio.
Sin embargo, cuando faltaban 6 meses para que Británico vistiera la toga viril, Claudio empezó a dejar entrever que estaba reconsiderando su postura en cuanto a su sucesión, cada vez más hastiado de las intrigas de Agripina y de la petulancia de Nerón. “Hacía el final de su vida [Claudio] había dado algunas muestras inequívocas de que se arrepentía de haberse casado con Agripina y de haber adoptado a Nerón; así, cierto día en que sus libertos mencionaban con alabanza una instrucción que había llevado a cabo la víspera, y en la que había condenado a una mujer acusada de adulterio, exclamó que también en su caso los hados habían dispuesto que todas sus esposas fueran impúdicas, pero no inmunes” (Suetonio. Vida de Claudio, 43).

Británico y Nerón. Siglo I d.C.Afrodisias (Turquía)

Continúa narrando Suetonio el acercamiento a su hijo Británico “Un momento después, al salirle al encuentro  Británico, le abrazó estrechamente y le exhortó a crecer con la promesa de rendirle cuenta de todos sus actos, prosiguiendo, además, en griego: el que te ha herido, te curará, y cuando, a pesar de que era todavía impúber y muy pequeño, decidió darle la toga viril, ya que su estatura lo permitía, añadió: para que al fin el pueblo romano tenga un verdadero César” (Vida de Claudio, 43). Acto seguido Claudio redactó su testamento.
              Pero la suerte de Británico quedó marcada cuando meses después (en octubre del año 54 d.C) Claudio moría ante fuertes rumores de envenenamiento. A su muerte siguió la de Narciso, por lo que el adolescente se quedó aislado y solitario en la corte de su rival, que alcanzó el trono sin oposición alguna. De ninguna manera se cumplió el deseo de Claudio de que ambos gobernaran.
Cuando surgieron los primeros enfrentamientos entre Agripina y su hijo, la emperatriz usó a Británico para intimidar al nuevo César. Así, meses antes de cumplir 14 años, y después de haber sufrido numerosas humillaciones durante los 4 meses que sobrevivió en la corte de Nerón, aquel que había nacido para gobernar el mundo, murió abandonado por todos. La versión oficial es que había sufrido un ataque de epilepsia, pero  lo que muchos pensaban es que Nerón lo había envenenado. Corría el 15 de febrero del año 55 d.C.

domingo, 4 de noviembre de 2018

El ascenso de Nerón


Claudio. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

Claudio, a instancias de Agripina, y empujado por el pensamiento de que le quedaban pocos años de vida y por el deseo de dejar un heredero fuerte, volcó todo su interés en asegurar el futuro del hijo de aquella,  Lucio Domicio.
Su primer paso en este sentido fue adoptar al joven en el año 50 d.c. Lucio Domicio pasó a llamarse entonces Claudio Nerón César Druso, colocándose en el primer puesto de la sucesión, a pesar de que Claudio tenía un hijo propio, el pequeño Británico. En la Antigua Roma, los hijos adoptados tenían el mismo estatus que aquellos naturales, por ello el hijo de Agripina al ser el  mayor se convirtió en el principal candidato a heredar el trono imperial.


Nerón adolescente. Siglo I d.C. San Petesburgo. Museo del Hermitage

Así, en el decimoquinto cumpleaños de Nerón (un año antes de lo que marca la tradición) se le permitió  asumir la toga viril, entrando así de lleno en la mayoría de edad. Después de la ceremonia típica en la que el niño entregaba su toga praetexta, su bulla y sus juguetes a los dioses lares, Nerón aprovechó la ocasión para realizar grandes donativos al pueblo y a los pretarianos. Por influencia del prefecto Afranio Burro (a quien Agripina había colocado en ese puesto) el joven desfiló por las calles de Roma al frente de los pretorianos.
A partir de entonces, Nerón no desaprovechó la oportunidad de dejarse ver ante las masas, siempre que era posible, presidiendo algunos juegos o algún acto público en los que solía exhibir toda la pompa imperial.


Detalle de una escultura de Británico junto a su madre Mesalina. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre
Fuente: De Desconocido - [1] by Gautier Poupeau (La case photo de Got, [2],July 31, 2006, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1367855

         Tanta arrogancia del joven levantó las suspicacias de Británico (que aún vestía la toga infantil), por lo que un día en una discusión entre ambos le llamó Domicio para recordarle quien era su verdadero padre. Nerón muy ofendido acudió a su madre, y ésta directamente a Claudio quien por insistencia de su mujer destituyó a todos los preceptores de Británico, siendo el principal tutor mandado ejecutar por conspirar contra Nerón. La misma Agripina nombraría en adelante a los preceptores de su hijastro.
Para dar más solidez a la posición de Nerón, Agripina consiguió que en el año 53 éste contrajera matrimonio con Claudia Octavia, la hija de Claudio. No obstante, este matrimonio anunciaba que sólo quedaba un año para que Británico cumpliera la mayoría de edad, por lo que Nerón no podía estar tranquilo pues su hermanastro tenía muchos seguidores tanto fuera como dentro del Palacio Imperial, siendo el principal valedor dentro de Palacio, el liberto Narciso, quien siempre había tenido una fuerte rivalidad con Agripina.

domingo, 28 de octubre de 2018

Porta Maggiore


Porta Maggiore
Fuente: De Livioandronico2013 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, 

La zona donde se ubica la Porta Maggiore (el Esquilino) es donde convergían 8 de los 11 acueductos que abastecían Roma. Uno de los que finalizaban su recorrido allí, el Acqua Claudia (iniciado por Calígula y concluido por Claudio en el año 52 d.C.) acababa en forma de doble arcada, lo que le daba un aspecto de monumental arco de triunfo en el punto donde confluían la Via Labicana y la Via Praenestina. De ahí que en el año 272 d.C., el emperador Aureliano lo incluyera en sus murallas como puerta, siendo conocida desde entonces como  Porta Praestina o Labicana.
El ático de la puerta se divide en 3 partes por finos canales, correspondiendo lo dos de arriba al Acueducto Anio Novus y el de abajo al de Claudio. Sucesivas inscripciones en las dos fachadas del ático recuerdan a Claudio, a Vespasiano y a Tito (estos últimos restauraron los acueductos en los años 71 y 82 d.C.). Ya en el siglo V d.C., Arcadio y Honorio añadieron un bastión más avanzado. Al mismo tiempo abrieron dos puertas (por debajo de la cuales transcurrían la Via Labicana y la Via Praenestina. Esta última estructura fue demolida por Gregorio XVI, quien quería devolver el aspecto original a la puerta. Desde entonces recibió el nombre de Porta Maggiore, probablemente por ser un paso obligado hacia la Basílica de Santa Maria Maggiore.



La Porta Maggiore en las Murallas Aurelianas

       Actualmente luce como una puerta monumental en la zona oriental de las Murallas Aurelianas. Consta de dos vanos separados por pilares en los que se abren ventanas coronadas con frontones triangulares sostenidos sobre semicolumnas corintias. Está realizada en mármol travertino a base de sillares rústicos típicos del período de Claudio.

domingo, 21 de octubre de 2018

Las obras en el Lago Fucino


Garbado del Lago Fucino

El lago Fucino se encuentra en la provincia de L’Aquila, a unos 120 kms de Roma. Es el tercero de Italia por extensión. Debido al nivel irregular de sus aguas desde época romana ha sido objeto de numerosas intervenciones, pues sus crecidas causaban continuamente graves daños en los terrenos y cosechas cercanas, al mismo tiempo que favorecía el paludismo en la zona debido al estancamiento de las aguas.
Ya Augusto tuvo en mente un proyecto para drenar el lago, sin embargo, no lo llevo a cabo por su dificultad y el escaso éxito que auguraba. A pesar de ello, Claudio, ante la petición de uno grandes terratenientes que se comprometieron a pagar 2/3 de la obra,  e decidió a llevar a cabo la ardua tarea, pues uno de sus principales objetivos siempre había sido evitar la escasez de alimento en Roma; así, este proyecto se unió al ya llevado a cabo en el Puerto de Ostia.
Las obras se prolongaron durante 11 años, aunque pronto Claudio se dio cuenta del motivo de las reticencias de Augusto, pues la complejidad aumentaba cada vez que se excavaba más profundo. De todos modos no quiso abandonar y se vio obligado a ocupar a más de 30.000 hombres bajo la dirección de Narciso, el liberto imperial.

Gran tunel de desagüe del lago. Siglo I d.C.
Fuente: Di Claudio Parente - Opera propria, CC BY-SA 4.0, 

El trabajo consistió en construir una gran galería subterránea, que con su inclinación del 0.05% trasvasaría el agua sobrante hasta el rio Liris y desde allí acabaría en el Tirreno. A este enorme túnel acompañaban otros 30 más pequeños también excavados en la roca.
El año 52 se inauguró la gran obra de ingeniería con una naumaquia al estilo de la que celebró Augusto en un estanque cercano al Tíber. En este espectáculo se pronunció por vez primera la Famosa frase “Ave Caesar, moriturim te salutant! A lo que Claudio contestó “¡o no!” (Suetonio, Vida de Claudio, 21, 6). Los hombres lucharon tan valerosamente que se les eximió de darse muerte.
Al finalizar el espectáculo se hizo una inspección y se comprobó que el túnel no era lo suficientemente hondo, por lo que hubo que emplearse otros 4 meses de trabajo
Por fin llego el día esperado, se abrió la compuerta del enorme túnel ante una gran expectación; sin embargo, la profundidad del mismo tampoco fue suficiente y el agua acabó desbordándose y llevándose todo a su paso. A pesar de ello, pudo recuperarse un 40% de las tierras adyacentes. Sólo a mediados del siglo XIX se consiguió la desecación total del lago.

Salida del agua
Fuente: Di F.angelo - Opera propria, CC BY-SA 4.0, 

“Mas al término del espectáculo se abrió paso a las aguas. Y quedó de manifiesto la incuria con que se había realizado la obra, pues no era lo bastante profunda como para alcanzar el nivel más bajo del lago. El caso es que se dejó pasar un tiempo para hacer más hondo el túnel, y a fin de reunir de nuevo a la multitud se da un espectáculo de gladiadores, tras tender puentes para la lucha a pie. Incluso se ofreció un banquete junto al desagüe del lago, que fue ocasión de gran pánico para todos, porque la fuerza impetuosa de las aguas arrastraba lo que hallaba a su paso, haciendo temblar las zonas más alejadas y causando en ellas el terror con su retumbar y estrépito. Justo en tal momento, Agripina, aprovechando el miedo del Príncipe, acusa a Narciso, encargado de las obras, de codicia y de robos; mas él no se quedó callado, echándole en cara sus mujeriles apasionamientos y su excesiva ambición” (Tácito. Anales. XII, 57).
La rivalidad entre Agripina y Narciso se puso de manifiesto en todo su apogeo. La lucha por la sucesión de Claudio se hizo más encarnecida pues el liberto era el principal valedor de Británico contra Nerón.

domingo, 14 de octubre de 2018

La captura de Carataco

¿Cómo pueden ellos, teniendo tales posesiones, ambicionar nuestras pobres cabañas? Palabras de Carataco, líder britano, al contemplar Roma.
Dión Casio. Historia romana

Claudio. Siglo I d.C. Museos Vaticano. Roma 2018

En el año 51 d.C., Carataco (el principal líder britano que había conseguido escapar tras la conquista de la isla), nueve años después del inicio de las guerras britanas fue hecho prisionero por un caudillo rival, quien lo cargó de cadenas y lo envió a Roma.
Claudio aprovechó la ocasión para brindar a Roma un desfile en el que se mostraba al que otrora fuera rey de Britania caminando por sus calles encadenado, en un espectáculo que tanto placía al pueblo romano. En este caso la expectación fue máxima pues todos querían ver al que había escapado del yugo romano durante tanto tiempo. “En efecto, se convocó al pueblo como si se tratara de un espectáculo insigne; formaron armadas las cohortes pretorianas en el campo que se extiende ante sus cuarteles. Entonces pasaron los clientes del rey, se hicieron desfilar sus medallas, sus torques y cuantos trofeos había conquistado en guerras exteriores; después fueron exhibidos sus hermanos, su esposa y su hija y, al final, él en persona. Las súplicas de los demás, dictadas por el miedo no estuvieron a su propia altura; pero Carataco sin bajar los ojos y sin implorar misericordia, una vez que subió a la tribuna habló en los siguientes términos: si cuanta fue mi nobleza y fortuna tanta hubiera sido mi moderación en la prosperidad, hubiera venido a esta ciudad más como amigo que como cautivo, y no hubieras desdeñado acoger en paz y en alianza a un hombre nacido de esclarecidos mayores y que imperaba sobre tantos pueblos. Mi suerte presente es tan triste para mí como gloriosa para ti. He tenido caballos, armas, hombres, recursos: ¿qué hay de extraño en que los haya perdidos a mi pesar? pues si vosotros pretendéis imperar sobre todos ¿se sigue de ello que todos acepten la servidumbre? Si se me hubiera arrastrado aquí tras haberme entregado al  momento, no hubieran resplandecido ni mi fortuna ni tu gloria. Por otra parte, a mi suplicio le seguirá el olvido de mí; si en cambios, respetas mi vida, seré un ejemplo duradero de tu clemencia” (Tácito. Anales, XII, 37, 1-4).

Carataco ante el tribunal de Claudio. Henry Fuseli. Finales siglo XVIII
Fuente: De Andrew Birrell (fl. 1782–1809), after Henry Fuseli (1741–1825) - Library of Congress, Prints & Photographs Division, LC-DIG-pga-00226 (digital file from original print), uncompressed archival TIFF version (107 MB), level color (pick white point), face repaired, desaturated, cropped, and converted to JPEG (quality level 88) with the GIMP 2.6.1., Dominio público, 

 Claudio conmovido por la dignidad exhibida por el britano y su sentido discurso, le perdonó la vida a él y a su familia, lo que fue recibido con grandes aplausos por parte del pueblo y el Senado. Los britanos, liberados de las cadenas, se volvieron hacia Agripina (sentada en una tribuna cercana) y le dirigieron las mismas palabras de gratitud y alabanza que al César. Una vez más quedó clara la preponderancia de Agripina, pues nunca antes una mujer se había sentado ante los estandartes romanos. El Senado elogió a Claudio extensamente, poniéndolo al nivel de los grandes generales romanos que habían mostrado clemencia con sus enemigos, tales como Escipión el Africano.