jueves, 22 de diciembre de 2016

Feliz Navidad y Año 2017

           En estos días, como nuestros antepasados romanos hacían en las Saturnales hace más de 2.000 años, celebraremos la Navidad y el Año Nuevo. Como ellos aunque en un entorno diferente, disfrutaremos de las fiestas más entrañables y familiares del año derrochando como entonces alegría, intercambiando regalos y organizando banquetes en compañía de nuestros seres más allegados.
Por este motivo, en mi último artículo del año quiero rendir un pequeño homenaje a aquellos que no podrán celebrar la Navidad con el espíritu festivo que las acompaña y, en especial, a las víctimas de los terremotos que han sacudido la península italiana desde el pasado 24 de agosto y que han hecho temblar con intensidad incluso los cimientos de la ciudad que Augusto nos legó, causando daños en 1500 de sus edificios. Sin embargo, como una vez leí, Roma es la favorita de los dioses y sobrevivirá, más allá incluso del tiempo, pero en muchos lugares del centro de Italia este 24 de diciembre numerosas personas, no sólo no podrán sentarse a cenar con los familiares y amigos que perdieron durante esos aciagos días, sino que ni siquiera tendrán un hogar propio en el que cobijarse. En Amatrice, Norcia y el resto de poblaciones arrasadas, no habrá árboles de Navidad, decoración en los locales comerciales ni luces de colores iluminando en las que fueron sus preciosas calles. Con todo mi cariño, he escrito este poema para ellos, porque los llevo en mi mente y en mi corazón, con la esperanza certera de que un día no muy lejano volverán a poder celebrar una Nochebuena entre los muros reconstruidos de su adorada tierra, al calor de una llama prendida por los que ya no volverán.

Lágrimas al viento,
caricias saladas
para una tierra herida,
otrora palpitante,
hoy tan sólo un despojo
por el que escapa la vida.
Y en torno a ella…sólo silencio

En un segundo,
el rugido inclemente
de las entrañas del Averno,
siembra destrucción y muerte,
pintando de una lluvia gris
el inmenso firmamento,
que agoniza en una niebla sin fin.

El alma se desgarra
al contemplar de rodillas
la patria que te acunó,
hoy reducida a cenizas,
devorado en un clamor amargo,
la esencia de sus raíces,
las huellas de su pasado.

Más no morirás, no,
si el sol que te vio nacer
te envuelve en su resplandor
y, acarician tus orillas
el mismo mar, el mismo cielo,
herencia de mil siglos,
hogar de tus ancestros.

Mientras mil labios te nombren
jamás perecerás.
Tu fuerza vencerá al cruel hado
y un día volverá a palpitar,
 entre laderas y montes,
tu silueta incomparable
dominando el horizonte.
                     



Lacrime al vento,
carezze salate
per una terra ferita,
un giorno palpitante
oggi, solo uno spoglio,
per dove scappa la vita.
E intorno a lei....soltanto silenzio.

In un attimo,
il ruggito inclemente
del centro dell’Averno,
semina distruzione e morte
dipingendo di grigia pioggia
l’inmenso firmamento
che agonizza tra la densa nebbia.

L’anima si lacera
al vedere in ginocchio
la patria che ti allatò,
ora ridotta a cenere,
divorato in un clamore amaro
l’essenza delle sue radici
l’impronta del suo passato.

Ma non moriai, no,
se il sole che ti vide nascere
ti avvolge nel suo bagliore,
e carezzano le tue rive
lo stesso mare, lo stesso cielo,
erede di mille secoli
dimora dei tuoi avi.

Se batti nei nostri cuori
mai scomparirai.
La tua forza ti fare vincere,
e un giorno tornerà a palpitare
tra i colli e il monte
il tuo contorno inmortale
dominando l’orizzonte.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Juicio por la muerte de Germánico

“Germánico viendo próximo su fin habló a los amigos que lo rodeaban en estos términos: si yo muriera por disposición del hado, tendría derecho a dolerme incluso frente a los dioses, por arrebatarme a mis padres, a mis hijos, a mi patria, en plena juventud con una muerte tan prematura. Pues bien, ahora, detenido en mi carrera por el crimen de Pisón y Plancina, confío mis últimos ruegos a vuestros pechos: que hagáis saber a mi padre y a mi hermano por qué crueldades desgarrado, por qué asechanzas rodeado he terminado mi desdichada vida con la peor de las muertes. Si a algunos movían hacía mí en vida mis esperanzas, si a alguno la comunidad de sangre, si a alguno incluso la envidia, llorarán el que yo, antaño floreciente y tras haber sobrevivido a tantas guerras, haya caído víctima del dolo de una mujer. Tendréis ocasión de quejaros ante el Senado, de invocar las leyes. No es la principal obligación de los amigos el acompañar al que muere con una inútil lamentación, sino el recordar su voluntad y cumplimentar sus mandados. Llorarán a Germánico incluso los desconocidos, lo vengaréis vosotros, si erais amigos míos más que de mi fortuna. Mostrad al pueblo romano a la que es nieta del divino Augusto y esposa mía, contadle mis seis hijos: la misericordia se pondrá del lado de los acusadores, y a los que traten de fingir órdenes criminales, o no los creerán los hombres o no se lo perdonarán. Juraron los amigos estrechando la diestra del moribundo, perder antes la vida que la venganza”.
Tácito. Anales. Libro II, 71.

La muerte de Germánico. Nicolás Poussin. 1627. Mineápolis. Mineápolis Institute of Art

El año  19 d.C. Germánico murió en extrañas circunstancias en Siria. El gobernador de Siria, Marco Calpurnio Pisón, fue desde el primer momento el principal sospechoso de su muerte debido a la rivalidad entre ambos y entre sus esposas. Enterado en Cos de la noticia del fallecimiento del hijo adoptivo de Tiberio acudió a los templos mostrando una gran alegría y ofreciendo sacrificios en acción de gracia a los dioses. Su mujer, Plancina, incluso abandonó el luto que llevaba por una hermana.
Por su parte, la viuda Agripina, fue recibida en Roma con gran solidaridad por parte de todos, incluidos los dos hermanos de Germánico: el adoptivo Druso el Menor y el futuro emperador Claudio. El pueblo romano y las legiones lloraron al joven como nunca antes había llorado a nadie. Sólo Tiberio y Livia faltaron al igual que su madre Antonia, rota de dolor. Hasta tales extremos llegó el duelo por Germánico que Tiberio irritado publicó un edicto poniendo punto y final al mismo en que decía que “muchos ilustres romanos habían muerto por la República, y que ninguno había sido honrado con tanto sentimiento; que eso era un honor para su persona y para todos, pero siempre que hubiera un sentido de la mesura. Es cierto, decía, no eran unas mismas actitudes las que estaban bien a los príncipes y al pueblo imperial que las que cuadraban a las casas o naciones modestas. El luto había sido adecuado al reciente dolor, y bien estaba buscar solaz en la pena; pero era ya hora de hacer volver el ánimo a la firmeza, al igual que antaño el divino Julio al perder a su única hija, al igual que el divino Augusto cuando le fueron arrebatados sus nietos, habían ahogado su tristeza. No había por qué recurrir a ejemplos más antiguos, de cuántas veces el pueblo romano había sobrellevado con entereza los desastres de sus ejércitos, las muertes de  sus caudillos, la desaparición total de nobles familias. Los príncipes eran mortales, la República eterna. Por tanto, debían volver a sus ocupaciones habituales y, ya que se acercaba el tiempo de los Juegos Megalenses, también a las diversiones” (Tácito. Anales. Libro III, 6).


Agripina desembarca en Brindisi con las cenizas de Germánico.  Gavin Hamilton. 1765-72

Desde ese momento se abandonó el luto pero Agripina, que había jurado vengar la muerte de su marido, movilizó a las masas y a los numerosos amigos de Germánico, para que  Pisón y Plancina fuera juzgados oficialmente por su asesinato. La Familia del gobernador de Siria había sido partidaria de los Claudio desde siempre, de ahí que las sospechas recayeran también sobre Tiberio, quien  de hecho había mandado vigilar a su hijo adoptivo en Oriente.
El Juicio fue muy desagradable. Tiberio en su discurso evitó ponerse a favor o en contra del acusado lo que aún confirmó aún más las dudas sobre su participación en el crimen. “El día en que el Senado se reunió el César pronunció un discurso estudiadamente moderado. Recordó que Pisón había sido legado y amigo de su padre, y que él mismo se lo había puesto a Germánico como ayudante para la administración de Oriente. Si allí con su rebeldía o su enemistad había amargado al muchacho y se había alegrado con su muerte, o si además la había causado de manera criminal, había que juzgarlo con ánimo íntegro”. Así se manifestó “pues si un legado se ha saltado los límites de su deber y la subordinación que debe a su general,  y se ha alegrado con su muerte y con mi luto, lo odiaré y lo alejaré de mi casa, pero no vengaré con la fuerza del príncipe mis enemistades privadas; ahora bien, si se descubre un crimen punible en caso de que hubiera perecido cualquier mortal, vosotros debéis dar a los hijos de Germánico y a nosotros sus parientes a los justos consuelos. Examinad también estos otros puntos: si Pisón se condujo con el ejército en términos de turbulencia o sedición, si se buscó por medios ilícitos la adhesión de los soldados, si trató de volver a entrar en las provincias por las armas, o bien si todo esto son exageraciones divulgadas por sus acusadores. Yo, en verdad, no puedo por menos que censurar el celo excesivo de éstos. Pues ¿a qué venía desnudar el cuerpo de Germánico, y el exponerlo al manoseo de los ojos del vulgo, y el esparcir incluso entre los extranjeros en el sentido de que había sido envenenado, si se trata de cuestiones todavía inciertas y por investigar?. Cierto que lloro a mi hijo y que lo lloraré siempre, pero no le impido al acusado todo cuando pueda apoyar su inocencia e incluso, si hubo injuria por parte de Germánico, hacer a éste culpable; y a vosotros os ruego que no porque la causa esté ligada a mi dolor toméis las acusaciones que se le imputan como cosa probada. Si los vínculos de sangre o su crédito han proporcionado a Pisón defensores, en la medida de vuestra elocuencia y celo ayudad todos al que está en peligro. A la misma tarea, a la misma firmeza exhorto a los acusadores. Sólo ese privilegio habremos concedido a Germánico. que la investigación sobre su muerte se haga en la curia en lugar de en el Foro, ante el Senado en lugar de ante los jueces; en lo demás debe haber la misma mesura. Que nadie mire a las lágrimas de Druso (el Menor), nadie a mi tristeza y tampoco a lo que se pueda inventar sobre nosotros” (Tácito. Anales. Libro III, 12).


Tiberio César. Siglo I d.C, París. Museo del Louvre

           El Senado, independientemente de la postura de Tiberio, enseguida empezó a acorralar a Pisón, que en algún momento del Juicio amenazó con presentar alguna correspondencia que implicaba al emperador en el crimen, aunque esta historia el mismo Tácito la considera incierta. Lo cierto es que Pisón se suicidó arrojándose sobre su espada. Su mujer Plancina, que poco a poco fue apartándose de su causa por consejos de Livia, fue absuelta.
  Varias fueron las consecuencias del proceso contra Pisón: en primer lugar, Tiberio nunca pudo quitarse de encima la sospecha de que él había sido quien había dado la orden de asesinar a Germánico y, como consecuencia de ello, su impopularidad se acrecentó sin límite. Por otro lado, Tiberio empezó a nutrir un odio sin límite hacia la viuda y nieta de Augusto, Agripina, que tuvo funestas consecuencias para ésta y sus hijos mayores en años sucesivos. Por último, la muerte de Germánico abrió el camino de la sucesión a Druso el menor, que a pesar de ser el hijo natural de Tiberio hasta ese momento se mantuvo en un segundo plano, pues como la mayoría del mundo romano, era incapaz de sentir ningún mal sentimiento hacia Germánico, con quien prefirió colaborar en lugar de provocar enfrentamientos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

La Domus Tiberiana


Reconstrucción de la Domus Tiberiana


          Cuando las relaciones entre Livia y Tiberio empezaron a enturbiarse, éste último decidió abandonar la casa de Augusto, donde ella aún vivía. Para ello, edificó en el lado occidental del Palatino el que sería el primer gran palacio imperial, ubicado entre el templo de Magna Mater y las laderas de la colina. Quizás Tiberio eligió aquella ubicación por ser donde se encontraba la casa donde nació.
El palacio no encerraba nada de la humildad y sencillez de la casa de Augusto y supuso el punto de partida de lo que serían los sucesivos palacios imperiales: enormes edificios cargados de lujo y magnificencia. Con posterioridad, fue ampliado por Calígula hacia el lado del Foro, terminado por Nerón y, restaurado en varias ocasiones por otros emperadores como Domiziano.



La Domus Tiberiana domina el atrio de la Casa de las Vestales. Roma 2013

Aunque aún no está totalmente excavado, su estado de conservación es bastante bueno. De la parte central se conoce sólo un gran peristilo rodeado de cubículos desde donde salía un pasillo que acababa probablemente en los ambientes excavados en las cercanías del templo de Magna Mater; otros pasillos debían desembocar en el criptopórtico de la Domus de Nerón.
La parte sur, orientada hacia el templo y hacia la Casa de Livia, ha sido excavada a fondo y ha sacado a la luz 18 estancias rectangulares cubiertas de bóvedas de cañón. La octava a la derecha conserva un trozo de bóveda pintada con recuadros que contienen escenas figurativas (una figura femenina, una pantera y algunos pájaros), datadas en siglo III d.C., mientras las paredes en ladrillo están fechadas en la época de la reconstrucción neroniana después del incendio del 64. También en la zona sur, se encuentra una bañera oval con escalones, quizás un vivero donde se criaban peces.
El lado este está delimitado por el largo criptopórtico construido en época de Nerón. En un lado se abren ventanas y se conservan restos de pinturas y pavimentos de mosaico. Un fragmento  del techo, en estuco, está decorado de casetones, elementos vegetales y un panel con 4 figuras eróticas. Desde aquí se puede acceder a la Domus Augustana (construida por Domiciano). Anteriormente, el criptopórtico era un pasadizo subterráneo que comunicaba con la Casa de Livia, en el que fue asesinado Caligula.


Fragmento del techo del Criptopórtico de Nerón. Roma 2011

El lado norte, orientado hacia el Foro, es el más visible, dispuesto a lo largo de una calle identificada con el Clivus Victoriae. Algunos ambientes del noreste-suroeste son más antiguos y sobre ellos se apoyan otras estructuras de época de Adriano que miran hacia la antigua vía con arcos. En esta zona se han descubierto grafitos con listas de cuentas y nombres de monedas, lo que ha hecho pensar en que se tratase de la sede del Fisco Imperial. Estas estructuras fueron usadas como almacén. También en esta zona se abría un recinto para la Guardia Pretoriana.
Las fuentes revelan que la Domus Tiberiana albergaba al menos una biblioteca, sede también del Archivo imperial, que sufrió un incendio a inicios de 192 d.C., bajo Cómodo.
En el siglo VII el Palacio de Tiberio se conservaba magníficamente, tanto que el Papa Juan VII la escogió como morada. Sin embargo, fue abandonado a partir del siglo X, siendo sus materiales utilizados para la construcción de otros edificios romanos, saqueo que siguió durante el Renacimiento a pesar de los ruegos de artistas como Rafael Sanzio y Miguel Ángel de que se respetaran los monumentos de la Antigua Roma. Durante el Siglo XVI quedó definitivamente enterrada por los Orti Farnesiani (jardines Farnesios).

viernes, 2 de diciembre de 2016

Livia y Tiberio

“Livia durante su embarazo para saber si iba a dar a luz un varón, quitó un huevo a una gallina que estaba incubando y lo calentó en sus manos y en la de sus esclavas alternativamente, hasta que vio salir del cascarón un polluelo provisto de una magnífica cresta”.
Suetonio. Vida de Tiberio. 14.2

Si bien es cierto que Livia por sí sola no podría haber investido a Tiberio como emperador (a pesar de las teorías conspiratorias de Robert Graves en Yo,Claudio;  pues una mujer en la Antigua Roma, no podía influir en decisiones políticas de tal envergadura), también lo es que si ella no se hubiera casado con Augusto y hubiera insistido a éste para que lo nombrase su heredero, Tiberio no hubiera tenido opciones a alcanzar tan alto distintivo.

Tiberio y Livia entronizados en el Gran Camafeo de Francia. Siglo I d.C. París. Bibliotheque National

La relación de Livia y Tiberio es fluctuante durante el devenir de la vida de ambos. Livia siempre mostró más vinculación y cercanía hacia su hijo mayor debido en parte a las altas expectativas que anhelaba para él, tal y como revela el texto de Suetonio. También es cierto que compartió más momentos de su infancia y que debió protegerlo en su huida junto a su primer esposo. Druso, sin embargo, fue apartado de ella al nacer y aunque Livia visitaba a sus hijos a diario, no vivió con ellos hasta que el pequeño tuvo 5 años. Al mismo tiempo, por su carácter, Druso era menos proclive a doblegarse ante la voluntad de su madre. Tiberio, sin embargo, asumió con amarga resignación, a veces, las decisiones de Augusto, seguramente motivadas en gran medida por los ruegos de Livia. De hecho, el nuevo emperador independientemente del cariño que pudiera tenerle como hijo, le profesaba más bien respeto y, a pesar de que ella siempre lo protegió, hasta cierto punto temor hacia los planes que pudiera ambicionar para él.
      Según las fuentes, Livia con gran sangre fría ocultó la muerte de Augusto y rodeó la casa de Nola (donde aquel había fallecido) de soldados hasta que comprobó que Tiberio gozaba del apoyo suficiente para investirse como nuevo emperador. Sin embargo, desde el primer momento empezaron a tensarse las relaciones entre madre e hijo. Según relata Tácito, Tiberio temía un menoscabo de su poder ante Livia, amada y respetada por todos más de lo que él nunca pudo aspirar. “Grande fue también la adulación de los senadores para con Augusta (Livia): los unos proponían que se la llamara “Parens Patriae”, los otros “Mater Patriae”; los más que se añadiera al nombre del César el apelativo de “hijo de Julia”. Él repitió una y otra vez que se debían poner límites a los honores a las mujeres, y que había de usar la misma templanza en los que le atribuyeran a él mismo; por lo demás, inquieto por la envidia y tomando el encumbramiento de una mujer como una mengua para él ni siquiera permitió que se le adjudicara un lictor, y prohibió erigir un altar por su adopción y otras cosas por el estilo” (Anales. Libro I, 14, 1-3).

Moneda con Tiberio en el anverso y Livia en el reverso

No obstante, Tiberio no tuvo más remedio que buscar orientación y consejo en Livia en múltiples cuestiones de Estado, pues ella como gran consejera y colaboradora de Augusto durante 40 años, conocía mejor que nadie todos los secretos de la administración del Imperio. Al no haberse Tiberio vuelto a casar tras el divorcio de Julia, Livia siguió actuando como emperatriz al lado de su hijo, como se pone de manifiesto en múltiples representaciones artísticas y en la acuñación de monedas, en las que siempre se les representa a los dos juntos compartiendo el máximo poder imperial. Del mismo modo, en Cumas se consagraban estatuas al Príncipe y a su madre y en algunos lugares ambos compartían un sacerdote. En otras ocasiones eran representados los dos con Augusto. También el nombre de Livia era invocado junto al de Tiberio en los votos anuales que se hacían por la salud del Príncipe.
Pero a medida que Tiberio iba adquiriendo confianza y controlando las tareas de gobierno, más le irritaban las intromisiones de su madre, que en muchas ocasiones tal y como reflejan algunos escritores como Dión Casio se conducía como si ella fuera el emperador “los honores decretados a la memoria de Augusto, formalmente de parte del Senado, pero en realidad, de parte de Tiberio y de Livia. He añadido el nombre de Livia porque ella asumía todos los derechos en la gestión de los asuntos como si tuviera el poder absoluto” (Historia Romana.56.47.1).
Así y todo, y a pesar de las frecuentes desavenencias entre ambos, hasta el año 22 d.C. se constatan una relaciones cordiales entre madre e hijo. En ese año, Livia enfermó de gravedad por primera vez en su vida. Cuenta Tácito que debido a ese motivo “Tiberio se vio obligado a apresurar su retorno a la Urbe, ya fuera porque existiera aún una sincera concordia entre madre e hijo, ya que sus odios se mantuvieran ocultos” (Anales. Libro III, 63, 1-2). Opino que Tiberio actuó en esta ocasión movido por el cariño hacia Livia pues en años sucesivos no dudaría en manifestar su rencor cuando tuvo ocasión. Una vez más, se demostró el profundo amor de Roma hacia la emperatriz pues tras su recuperación le tributaron grandes honores. A partir de aquí Livia va desapareciendo de las fuentes lo que va parejo a la ascensión del Prefecto del Pretorio, Lucio Elio Sejano, quien poco a poco fue adueñándose de la voluntad de Tiberio, y probablemente contaminando al emperador en contra de su madre.

Tiberio y Livia. Siglo I d.C. Madrid. Museo Arqueológico Nacional
Fuente: By Miguel Hermoso Cuesta - Own work,
 CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37279743

De todos modos, hay constancia de que Livia seguía ocupándose de asuntos menores. Y en la gestión de uno de éstos surgió el origen de la ruptura definitiva entre madre e hijo, cuando Tiberio negó a Livia una súplica a favor de un hombre que se había dirigido a ella. Livia, que se enfadó muchísimo al sentir su petición rechazada, buscó entre sus recuerdos algunas cartas de Augusto en las que se lamentaba de lo difícil del carácter de Tiberio y las leyó en voz alta. Tiberio fue invadido por una violenta rabia, no por hecho de la lectura en sí, sino porque ella las hubiera guardado para poder usarlas contra él. Algunos afirman que fue éste el motivo por el que Tiberio se retiró a Capri, para huir de su madre. De hecho, desde ese momento sólo la visitó una vez en los últimos años de vida de la anciana. Además, no sólo faltó a su funeral en el año 29 sino que se negó a darle sepultura por algunos días permitiendo que el cuerpo se corrompiese. Luego nombró al degenerado Calígula para que se hiciera cargo del discurso funerario. Anuló su testamento y vetó todos los honores que quisieron tributarles así como su deificación, que fue llevada a cabo 10 años después por Claudio.