domingo, 25 de octubre de 2015

Educando a Cayo y a Lucio

“Saludos, Cayo mío, mi querido burrito,  sólo el cielo sabe lo mucho que te echo de menos cuando estás lejos de mí. Pero sobre todo en días como hoy mis ojos anhelan a mi Cayo y, donde quiera que hayas estado, espero que hayas celebrado mi sexagésimo cuarto cumpleaños con salud y felicidad. Imploro a los dioses que el tiempo que me queda de vida lo pase contigo sano y bien, con nuestro Imperio prosperando, y tú y Lucio contribuyendo a ello como hombres y preparándoos para sucederme en el deber de proteger al Estado”.
Aulo Gelio. Noches Áticas. 15. 7, 3

Este fragmento de una carta, escrita el día de su 64 cumpleaños demuestra el gran amor que Augusto sentía por sus nietos Cayo y Lucio, a quienes quiso incluso más que a Marcelo y a Druso, si eso fuera posible.
A pesar de las graves pérdidas que sufrió la familia imperial con pocos años de diferencia, el Príncipe no desesperó pues el futuro de Roma estaba asegurado en las personas de sus adorados pequeños.


Cayo César niño. Siglo I a.C. Roma. Fondazione Sorgente Group

Cayo nació en el año 20 a.C. y fue adoptado por el emperador junto con su hermano Lucio 3 años después (en 17 a.C.), cuando vino al mundo éste último. Al vivir sus padres aún, se llevó a cabo una ceremonia simbólica en la que Augusto golpeaba una balanza tres veces con una moneda de escaso valor delante de un pretor. Los niños pasaron a llamarse Cayo y Lucio César e inmediatamente ambos se trasladaron a vivir con su abuelo, siendo educados por éste, por su padre biológico Agripa y por la emperatriz Livia. Poco pudo opinar al respecto Julia, la madre de los pequeños, quien apenas tuvo oportunidad de participar en la educación de sus vástagos. En compensación, al ser la madre de los príncipes, Julia vio aumentar su prestigio que llegó a equiparar e incluso en ocasiones superar al de Livia (tal y como quedó reflejado en el Ara Pacis Augustae). Con esta acción, Augusto señalaba desde el principio por quienes apostaba como herederos del Principado.


Moneda con Augusto en el anverso y  Julia entre Cayo y Lucio en el reverso. Siglo I a.C.

No obstante tuvieron los mejores preceptores a su cargo, Augusto participó activamente en primera persona en la instrucción de los niños: les dio clases de literatura, les enseñó a nadar e incluso se empeñó en que aprendieran una caligrafía parecida a la suya. Igualmente debió ilustrarles sobre los principios del arte de gobernar tal y como él entendía. Cuando los niños comían con él, se sentaban a sus pies y si lo acompañaban en sus viajes, cabalgaban delante o a ambos lados del carruaje. No sabemos cómo influyó la presencia a veces asfixiante del emperador en la vida de los niños. 


Lucio César niño. Siglo I a.C. Roma. Fondazione Sorgente Group

En torno al año 10 a.C. Augusto eligió al reputado gramático Marco Valerio Flaco como pedagogo de los chicos. Flaco, que ya dirigía un colegio en Roma, no tuvo problemas a cambio de un salario de 100.000 sestercios al año en trasladar a todos sus discípulos a una casa cercana a la de Augusto en el Palatino.
Casi desde la cuna, Augusto siempre expuso a Cayo y a Lucio, al ojo público por lo que eran muy conocidos y queridos por el pueblo. Una consecuencia del exceso de mimos que recibían los niños era que estaban muy mal criados y mostraban en ocasiones conductas irreverentes. Según Dión Casio, “no sólo vivían rodeados de lujo, sino que también ofendían al decoro. Por ejemplo, en una ocasión Lucio llegó sólo al teatro. Prácticamente todos los romanos los adulaban…y, en consecuencia, los chicos estaban cada vez más consentidos”. (Historia Romana. 55, 9, 1-2).



Moneda con Augusto en una cara y los pequeños Césares en la otra

Así y todo, Augusto dejaba claro en cada ocasión que sólo se debían brindar honores a los príncipes “únicamente en caso que los merecieran”. Por ejemplo, en la inauguración del teatro Marcelo en 13 a.C. en la que Cayo, con tan sólo 7 años, participó en una exhibición de juegos troyanos, generando gran expectación, Tiberio le cedió el sitio de honor junto a su abuelo lo que provocó una gran ovación por parte del público que irritó enormemente al Príncipe.
Quizás sólo fuera apariencia, pues Augusto tampoco se molestó mucho en impedir tales manifestaciones; así tras la muerte de Druso él mismo empezó a dar más responsabilidad a los niños. Ya en 8 a.C. llevó con él a Cayo a la Galia donde con sólo 12 años participó en ejercicios militares sin ser aún legalmente un hombre. Del mismo modo, el emperador mandó emitir monedas con el rostro de su nieto mayor. Esto fue sólo el principio de un cursus honorum acelerado pues los hijos adoptivos de Augusto accedieron a todas las magistraturas con bastante menos edad de las exigidas por la ley. Con esmero el Príncipe estaba trazando el camino de la sucesión.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La restauración del Mausoleo de Augusto ya tiene fecha de inicio


Mausoleo de Augusto. Siglo I a.C. Roma

Parece ser que por fin se ha podido reunir todo el dinero necesario para la restauración del Mausoleo de Augusto, el más grande del Mediterráneo y uno de los edificios más importantes construidos por el primer emperador romano. A los 4,2 millones de euros procedentes de fondos públicos, se unen los 6,5 millones aportados por la Fundación Telecom Italia. Lo ha anunciado el alcalde de Roma Ignazio Marino el pasado 15 de octubre.

Interior del Mausoleo de Augusto. Siglo I a.C. Roma

Así, si todo va según lo previsto las obras, (que comprenden trabajos de pavimentación, organización expositiva, programas multimedia, cubierta y una pasarela para realizar el recorrido circular) comenzarán en enero del 2016 y finalizarán en marzo de 2017, momento en que el Mausoleo reabrirá sus puertas al público. La restauración comprenderá no sólo la gran tumba imperial sino también la Piazza de Augusto Imperatore, por lo que se creará un nuevo espacio en la ciudad en el que conjugando lo antiguo y lo moderno la memoria del emperador más amado por la Ciudad Eterna estará más viva que nunca, con la dignidad que él se merece.

Reconstrucción ideal del Mausoleo de Augusto. Siglo I a.C. Roma

domingo, 18 de octubre de 2015

El ascenso de Tiberio

A la muerte de Druso se unieron poco después (en 8 a.C.), el fallecimiento de Mecenas y de Horacio, dos de los más grandes amigos y consejeros del emperador. Augusto cada vez se iba quedando más sólo; de sus años de juventud sólo permanecía con vida Livia. No obstante, la pesada carga de gobernar el imperio no le permitía dejarse vencer por el dolor de las ausencias. Aunque si bien es cierto que a partir de entonces, el Príncipe se mostró más severo a la hora de tomar decisiones.
          Una vez pasado el duelo de Druso, enseguida envío a Tiberio a Germania para evitar posibles sublevaciones en la zona. En esos momentos el hijo de Livia tenía 34 años y se había convertido en el único adulto con experiencia con el cual Augusto podía contar para las tareas de gobierno, mientras él se volcaba en la educación de los herederos, que en esa época contaban sólo con 12 años (Cayo) y 9 (Lucio). Augusto se trasladó a la Galia con Cayo para vigilar de cerca las operaciones y aprovechó la ocasión para que el pequeño participara por primera vez en algunos ejercicios militares. Incluso ordenó la emisión de monedas en su honor para pagar al ejército.

Moneda con el rostro del pequeño Cayo César

Tiberio, que estaba demostrando ser un excelente general, logró apagar los focos de rebelión en Germania y construyó fortalezas, siguiendo el ejemplo de Druso, hasta el Elba. Al mismo tiempo deportó a más de 40.000 germanos hacia territorios de la Galia para así tenerlos más controlados.
A pesar de que en época de Augusto, Germania nunca fue pacificada por completo, pues continuamente surgían conflictos con las tribus, a Tiberio se le concedió un triunfo en 7 a.C., el primero que se otorgaba desde que estas celebraciones habían pasado a ser prerrogativa imperial. El triunfo fue la culminación de las campañas de los últimos años en Germania y en los Balcanes que supusieron la incorporación de nuevas provincias en Panonia, en el Danubio y al este del Rin en Germania. Augusto declinó el que el Senado le había ofrecido a él mismo, aunque sí aceptó el honor de que el mes de sextilis se denominara a partir de entonces Augusto.


Tiberio coronado de laurel. Siglo I d.C. Roma. Museos Vaticanos

El Príncipe que estaba de visita en las provincias no restó protagonismo a su yerno en los festejos de su triunfo. Después de la celebración del mismo, en el que Tiberio tuvo siempre muy presente la memoria de su hermano Druso, el hijo de Livia presidió una fiesta para los senadores en el Capitolio, mientras que la emperatriz ofreció otra a las principales damas de Roma. Juntos, madre e hijo dedicaron el Pórtico que Augusto había construido en honor de Livia en la colina del Esquilino. Es reseñable que en estos momentos la relación entre madre e hijo era muy cercana y cordial; en cambio las fuentes ignoran la presencia de Julia, esposa de Tiberio, en las celebraciones, lo que pone de manifiesto el mal momento que atravesaba el matrimonio.


Triunfo de Tiberio en una copa del Tesoro de Boscoreale. Siglo I d.C. París. Museo del Louvre

Para culminar su buen año, Tiberio fue nombrado cónsul por segunda vez. En su primer discurso anunció que en nombre de su hermano y suyo, restauraría los Templos de la Concordia y de Cástor y Pólux en el Foro Romano. Especialmente a Tiberio le gustaba asociar a los Dioscuros o Gemelos celestiales con su persona y la del desaparecido Druso. Como ellos, los hermanos de Helena de Troya se amaron tanto que cuando uno murió, el otro compartió la vida con él, de modo que ambos estuvieran vivos y muertos en días alternos. Si Tiberio hubiera podido, hubiera hecho lo mismo pues en los festejos del año fue evidente lo mucho que echaba de menos a su querido hermano.


Las tres columnas más hermosas de Roma son las que restan del templo de Cástor y Pólux en el Foro Romano.Siglo I a.C. Roma 2013

A pesar de la gran labor realizada por Tiberio en estos días, Augusto no le reconoció el papel de igual que había otorgado a Agripa. Con estas actitudes ya se percibe el reparo que el Príncipe siempre experimentó hacia su hijastro mayor, por quien nunca sintió un gran afecto.

lunes, 12 de octubre de 2015

Antonia la Menor

Antonia Menor. Siglo I a.C. Roma. Museo de las Termas

Antonia era la menor de las hijas de Octavia y Marco Antonio, de ahí su cognomen. Nació el 31 de enero del año 36 a.C., y nunca llegó a conocer a su padre pues en el momento de su alumbramiento éste ya había partido hacia Egipto para reanudar su relación sentimental con la reina Cleopatra. En consecuencia, cuando el divorcio de sus padres se hizo oficial, se trasladó junto con su madre y hermanos a casa de su tío, el futuro Augusto, donde recibió una esmerada educación que la convirtieron en una mujer culta y refinada.
En el 17 a.C. contrajo nupcias con Druso, el hijo menor de la emperatriz Livia, con el que se había criado. Fue un matrimonio político pero ambos estaban muy enamorados; debido a ello, algo raro en la época, fueron siempre fieles el uno con el otro.

Druso el Mayor. Siglo I. Roma. Museos Capitolinos

Antonia no podía vivir mucho tiempo alejada de Druso por lo que acompañaba a su marido en las campañas militares siempre que era posible. Del matrimonio nacieron tres hijos: el espléndido Germánico (en 15 a.C.), la intrigante Livilla (en 13 a.C.) y el enfermizo Claudio (en 10 a.C.) que llegaría a ser emperador. En todas las representaciones con su esposo se muestra a una mujer radiante heredera de todas las virtudes de las grandes matronas romanas.

Antonia y Druso en el Ara Pacis Augustae. 13-9 a.C. Roma

Sin embargo la felicidad de Antonia se vio truncada poco después al morir Druso prematuramente en el 9 a.C., quedando con sólo 27 años viuda y madre de 3 hijos pequeños. Tan grande era su dolor que pidió a Augusto dispensa para no volver a casarse. El emperador, a pesar de que iba contra sus propias leyes matrimoniales aprobadas años antes, se lo concedió.
Así la bella Antonia se trasladó junto con sus hijos nuevamente a la casa donde había vivido su infancia y se había enamorado de Druso, instalándose con su suegra Livia, a la que estaba muy unida. Del mismo modo, tenía una conexión especial con su difícil cuñado Tiberio, contándose entre las pocas personas que éste apreciaba. Valerio Máximo lo relata así: “Después de la muerte de Druso, aún siendo ella bellísima y encontrándose en la flor de la vida, vivió con la suegra. Durmiendo junto a ella en el mismo lecho Antonia dejó morir su juventud mientras Livia envejecía, afrontando así su viudez”. (Dichos y Hechos memorables. p. 132).

Casa de Livia en el Palatino. Siglo I a.C. Roma

En la Casa de Livia se dedicó a las labores propias de las matronas romanas: el telar y la educación de sus hijos. Germánico era claramente su favorito, pues era la viva imagen de su padre, tan bello y noble de carácter como lo había sido Druso. Livila en cambio era ambiciosa y manipuladora muy alejada del carácter de sus ilustres padres. Por su parte, Claudio, el niño de las mil enfermedades, fue siempre su gran preocupación. Algunas fuentes antiguas nos dejan la imagen de una madre que despreciaba a su hijo “(Antonia) repetía con frecuencia que Claudio había sido comenzado por la naturaleza y no había sido terminado, y cuando quería tachar a alguien de estúpido, decía que era más tonto que su hijo Claudio” (Suetonio. Vida de Claudio.3.2). No obstante, no sabemos hasta que punto son ciertas estas consideraciones porque siempre estuvo al lado de Claudio y cuidó de él hasta el final. De hecho, cuando fue emperador, Claudio le concedió múltiples honores, emitiendo incluso monedas con su rostro.

Monedas con la imagen  de Antonia Menor. Siglo I d.C. 

La vida fue muy injusta con Antonia pues en 19 d.C. tuvo que enterrar a su adorado hijo Germánico muerto con tan sólo 34 años en extrañas circunstancias. Asimismo tuvo que soportar la deshonra de su hija Livila que envenenó a su marido, Druso el menor (hijo de Tiberio) para allanar el camino de su amante Sejano hacia el trono imperial. Dión Casio sostiene que fue la misma Antonia quien descubrió la conjura para derrocar a Tiberio al leer la correspondencia entre su hija y su amante, el favorito del emperador. Ella misma lo puso en conocimiento de Tiberio que mandó matar a Sejano. Continúa Dión contando que “Tiberio había perdonado a Livila pero que fue la propia Antonia, quien por propia iniciativa, la dejó morir de hambre” (Historia Romana. Libro VIII). Otras fuentes sin embargo, dicen que Tiberio mandó a Livila al exilio.

Druso el menor y Livila en el Gran Camafeo de Francia. 19 d.C. París. Gabinete de Medallas

Igualmente, tuvo que asistir a la muerte violenta de sus nietos mayores Druso y Nerón (hermanos de Calígula) y a la degeneración de Calígula y sus nietas Agripina, Drusila y Livila.
Precisamente su relación con su nieto Calígula sufrió de grandes altibajos. Éste se fue a vivir con ella en 29 d.C., año en que murió Livia (con quien se había trasladado cuando su madre Agripina fue desterrada). En los inicios de su principado, Calígula colmó a Antonia de todos los honores que en vida disfrutara la difunta esposa de Augusto. Sin embargo, una matrona virtuosa como Antonia no podía soportar la conducta depravada de su nieto a quien una vez sorprendió acariciando lascivamente a su propia hermana Drusila, de ahí que lo reprendiera severamente en múltiples ocasiones, lo que irritaba al joven emperador. Según Suetonio, “A una amonestación de su abuela Antonia, como si no bastara con desobedecerla Calígula contestó: recuerda que todo me está permitido y con todas las personas” (Vida de Calígula. 29,1).

Calígula. Siglo I d.C, Nueva York. Metropolitan Museum of Art

Antonia falleció en 37 d.C, precisamente durante el reinado de Calígula. No se sabe a ciencia cierta si por orden de su nieto o si ésta se suicidó al no poder soportar más el destino de su familia (Calígula acababa de ordenar la muerte de su otro nieto Tiberio Gemelo, algo que Antonia le recriminó con dureza). Sus últimas palabras fueron dirigidas a su amado esposo Druso rogándole perdón por haberle hecho esperar tanto. Sobre la muerte de Antonia cuenta Suetonio que “cuando su abuela Antonia le pidió (a Calígula) una audiencia privada, se negó a recibirla a menos que estuviera presente el prefecto Macrón, y a fuerza de humillaciones y disgustos de este tipo, provocó su muerte, administrándole, no obstante, también veneno según la opinión de algunos; una vez muerta, no le rindió ningún honor, e incluso contempló su pira ardiente desde su triclinio” (Vida de Calígula. 23,2).
Mujer influyente y de gran mérito, Antonia tuvo muchos amigos, entre ellos algunos familiares de Herodes el Grande. Su belleza, testimoniada en los retratos que han llegado hasta nosotros, es heredera de las facciones dulces de su madre y del gran atractivo de su padre. De Octavia heredó también su inmenso virtuosismo. No obstante, era temperamental y con arrojo como Marco Antonio pues nunca dejó de decir lo que pensaba ya fuera a Augusto o a Calígula.

Antonia se despide de su hijo Claudio antes de morir. Fotograma de la serie Yo, Claudio. 1976

Su hijo Claudio al acceder al poder le devolvió todos los honores que Calígula le había arrebatado: le dedicó exequias públicas, una carroza para pasear su imagen por el circo y el sobrenombre de Augusta. De esta época son las monedas acuñadas con la imagen de Antonia y las múltiples esculturas que la representan como Hera o Venus, en las que Claudio no sólo quería aludir a la belleza de Antonia sino también a su papel de progenitora de la gens Claudia.


La Hera Ludovisi es un retrato de Antonia Menor. Siglo I d.C. Roma. Museo de las Termas


Antonia como Venus. Siglo I d.C. Ninfeo Claudiano de Punta Epitaffio, rescatado del mar de Baiae. Museo Archeologico di Campi Flegrei

viernes, 2 de octubre de 2015

Germania Augustea



Augusto de Bevilacqua. Siglo I d.C. Munich. Gliptoteca


      Aunque el más bello busto de Augusto se encuentra en la Gliptoteca de Munich, Germania fue siempre el talón de Aquiles del Imperio Romano, y como se demostró con las invasiones bárbaras en el siglo IV d.C., la causa de su ruina.
 La primera aproximación romana a los territorios germanos tuvo lugar durante las campañas de César en la Galia entre los años 58-51 a.C. La porción de Germania conquistada por el Divino Julio llegaba en sus límites orientales hasta al río Rin.
Como las tribus que poblaban la zona no se mostraban particularmente belicosas ni Augusto pretendía la conquista de nuevas tierras, el emperador optó por levantar dos fortalezas para prevenir cualquier incursión bárbara en territorio romano: una en Mogontiacum (Maguncia) y otra en Castra Vetera (Xanten).

Reconstrucción de la fortaleza de Castra Vetera

No obstante, cuando algunas de estas tribus rebeldes atravesaron el Rin llegando incluso hasta la Galia, Druso sofocó  la revuelta y persiguió a los invasores hasta los río Weser y Elba. Entonces Augusto dividió la región en dos parte: Germania inferior (Países Bajos y Noroeste de Alemania) y Germania superior (Alsacia, parte de la actual Suiza y la orilla occidental del Rin) para una mejor organización.
Aunque son realmente escasos los restos de época de Augusto que quedan en pie en Alemania, intentaré apuntar lo más significativo.

  • Maguncia (Mogontiacum)

Tiene su origen en una fortaleza legionaria levantada por Druso entre los años 13-12 a.C. Fue una importante ciudad militar siendo base de numerosas legiones e incluso de la flota romana fluvial. Favorecía su carácter defensivo su situación geográfica pues se ubicaba en una meseta con grandes pendientes en tres de sus lados.

Teatro romano de Maguncia


Un retrato de Druso preside la base de la fachada del Teatro de Maguncia

        Las excavaciones han revelado una ciudad variada y bien equipada con todos los edificios típicos de las urbes romanas, aunque la mayoría de ellos son de fines del siglo I d.C. Entre sus construcciones más importantes de esa época se encuentran un puente y el teatro romano más grande al norte de los Alpes que se levantó en honor a Druso. Tenía una capacidad para 10.000 espectadores y en siglos posteriores fue usado como cantera hasta quedar totalmente cubierto. Hoy en día está en proceso de recuperación. También quedan restos de un acueducto.

Restos del Acueducto de Maguncia

         En la orilla derecha del Rin se encuentra el Cenotafio de Druso, edificado por sus soldados y por las colonias galas a la muerte del amado general. De planta circular, con sus casi 30 metros de altura es el mayor monumento funerario romano de Alemania aunque tenía un valor conmemorativo pues las cenizas del hijastro de Augusto fueron enterradas en el Mausoleo imperial en Roma. Está realizado en aparejo de piedra en gres y rojo caliza. En la parte frontal exhibía un poema escrito por Augusto y la dedicatoria de los soldados de Druso.

Cenotafio de Druso
Fuente: «Zitadelle Mainz Drususstein». Publicado bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Zitadelle_Mainz_Drususstein.jpg#/media/File:Zitadelle_Mainz_Drususstein.jpg.

  • Augst (Augusta Raurica)

        Fue fundada en 6 a.C. por Augusto sobre un asentamiento anterior. Situada en Augst, cerca de Basilea, contó con 20.000 habitantes en su época de mayor apogeo. Actualmente es un museo al aire libre donde se combinan restos de lo que fueron grandes monumentos con varias salas de Exposición en las que se exponen todos los tesoros encontrados en Augusta Raurica. Entre las construcciones destaca el Teatro, uno de los más grandes al norte de los Alpes.


Teatro Romano de Augusta Raurica

       Jugó un importante papel en los planes de Augusto en la creación de las otras tres ciudades que llevan su nombre en esa área: Augusta Treverorum (Tréveris), Augusta Praetoria (Aosta) y Augusta Vindelicum (Augsburg en la actual Baviera). Todas ellas, concebidas como bases militares sirvieron para asegurar las estabilidad en los territorios conquistados en Germania.

Horno romano en el parque arqueológico de Augusta Raurica
Fuente: «RoemischerBackofen» de MCaviglia - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RoemischerBackofen.jpg#/media/File:RoemischerBackofen.jpg

        Además del teatro, han quedado restos de un anfiteatro, del Foro con su templo de Júpiter y de un acueducto que abastecía de agua desde la cercana Liestal.
      
  • Tréveris (Augusta Treverorum)

      Se construyó a orillas del Mosela donde en 17 a.C. los romanos construyeron el primer puente de madera sobre ese río. Los restos de una inscripción dedicada a Cayo y a Lucio ponen de manifiesto la estabilidad del asentamiento a finales del siglo I a.C. Tras la reorganización de la Galia de 16 a.C. Augusto la nombró capital de la Galia Bélgica.

Reconstrucción ideal de Augusta Treverorum
Fuente: «RoemischerBackofen» de MCaviglia - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RoemischerBackofen.jpg#/media/File:RoemischerBackofen.jpg

         La ciudad creció rápidamente debido a su situación geográfica y a una vía fluvial con fácil acceso a los establecimientos militares del Rin. En el siglo I d.C. se construyeron unas termas y un anfiteatro. En el siglo IV d.C. llegó a tener 80.000 habitantes. Las principales construcciones de época romana que han quedado en pie son posteriores a la muerte de Augusto.